martes, 7 de febrero de 2012

Pero si está aquí.

Los protagonistas son un matrimonio de edad. Especialmente él, tal vez en los 86 y muy mermado de fuerzas. La esposa le era imprescindible para renovar cada día su débil vínculo con la vida y llevarle de la cama al sillón del comedor, los dos únicos escenarios de aquel último tramo de su existencia. Hablaba poco y sólo sonreía cuando los nietos o un reciente biznieto le visitaban. Mientras estaba en el comedor, que era la mayor parte del día, se dedicaba a ver la televisión.


         La vida de aquel hombre se había desarrollado entre la lucha por la supervivencia económica, la familia en toda su complejidad, una pasajera afición política y la decadencia física. Una vida difícil y corriente a la vez, pero sin capacidades especiales, y pronto se verá por qué lo digo.

         La esposa, y cuidadora a tiempo completo, tenía una hermana mayor, frisaba los ochenta y vivía en otra ciudad, a unos 400Km. Las dos hermanas mantenían buena relación, pero sólo telefónica. A ninguna le era fácil desplazarse: a la una, por la situación del marido; a la otra, por una enfermedad degenerativa en los huesos, bastante dolorosa.

         Un día llegó la llamada telefónica que anunciaba la muerte de ésta. A su hermana le afectó mucho y bien hubiera querido ir al entierro, pero la distancia era grande y eso suponía dejar al marido, cosa que no quería hacer.

 Habló con él, le explicó que, aunque deseaba ir donde la familia de su hermana, había decidido no ir, pero que sentía mucha pena por ella y por lo mal que lo había pasado los últimos años. El marido la escuchó con su mirada acuosa, callada, lenta, y al final habló.

   No te has de preocupar de nada. Tu hermana está bien.  

—¿Y tú qué sabes?- lo dijo casi sin mirarle, casi sin pensar.

El hombre respondió al momento, sin la menor duda.

—Porque tu hermana está aquí, ahora, y se la ve muy bien.

Entonces ella ya se desconcertó, pero quiso saber más. Tal vez su marido no hablaba tan sólo para tenerla contenta, así que le pidió que se explicara, que le diera detalles de lo que decía haber visto.

          — Tu hermana parece más joven. Y lleva un vestido estampado,
marrón, muy bonito.

         No hubo más. Pasaron un par de días y tras el entierro la mujer llamó a sus sobrinas para saber cómo estaban y cómo había ido el funeral . En un momento de la conversación, recordó la supuesta visión de su marido, y sin anticipar nada les preguntó cómo la habían vestido.

   Con un vestido estampado, marrón. Estaba muy bonita.

El hombre falleció hará unos diez años. Le conocí bastante, aunque nunca me habló de esta historia. Creo que para él no tuvo mucha importancia. Su esposa, que aún vive, y la hija de ambos me la contaron.


Nunca antes había visto él nada igual , ni hablado como lo hizo aquel día.